Empieza un día de San Valentín y tienes la intención de que sea memorable. Entonces te propongo comenzar con el pie derecho. Antes de que te amor se despierte, prepara un desayuno a su gusto. Ten en cuenta si le gusta comer tostadas, té o café. Quizá un jugo natural. Preséntalo todo en una bandeja de forma que recuerde al room service de un buen hotel. Ahora, antes de sorprender a tu pareja, mírate en el espejo. ¿Te ves bien? Quizá un aliento fresco y un poco de agua limpia en el rostro ayuden. Nada muy elaborado para no perder la magia del momento.
Entonces sí, con caricias, con besos, con un suave masaje o con aquello que sepas que tu pareja va a apreciar, haz que empiece el día. ¿Un momento de ternura? ¿Sexo entre mermeladas? El momento dirá qué es lo más indicado. Tienes todo el día por delante. No intentes forzar nada, los biorritmos de las personas son diferentes, lo importante es que hagas la diferencia desde la primera hora.


