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“Después de comer perdices…”

Un libro sobre parejas para identificarse y divertirse

Por , Guía de About.com

“Después de comer perdices…”Rita Gardellini

Rita Gardellini es la autora de una obra de una obra compuesta de varios relatos novelados que giran alrededor de las relaciones de pareja. Manejado con un humor ácido y desprejuiciado donde las mujeres llevan la voz cantante, resulta una lectura deliciosa. En esta ocasión, Rita Gardellini charla conmigo acerca de su libro y de lo que significa "la pareja".

¿Qué significa para ti la palabra pareja, Rita? ¿Qué significa en tu universo, estar en pareja?

Me enamora la palabra, escritora, oral, en música y debe ser cierto porque dicen que el vocabulario tiene tanta importancia en mis historias que es otro personaje, y por eso debo señalar que la palabra: pareja, nunca me gustó por el sencillo argumento que significa: dos. Y para mí cuando uno se relaciona con otro, así resulte en un desamor, debe ser, el intento: esperanzador si se quiere, de ser uno. Prefiero que alguien me diga: "Te presento a mi amor, mi enamorado, mi amante, mi palomo, o mi luna"; antes que "mi pareja". Pareja me suena frío, un par aséptico, muy acorde a los tiempos que nos quieren hacer creer que estamos viviendo. Por eso me atrapa: amor, e incluso: romance o matrimonio porque me hacen pensar en dos que señalan uno, así resulte sólo en la posibilidad.

De todos modos, "estar en pareja o de novios" como se decía antes -porque sinceremos: muchos de los novios de antes y censura y crítica incluidas, también tenían relaciones-, sólo inicia al convivir; sólo en la convivencia la realidad de dos para ser uno tiene sentido. El resto es suponer que el final de la Cenicienta fue feliz sólo porque conoció a alguien en un baile -príncipe; ¡gran garantía!, fíjense sino en Bolena o en María Antonieta- y la zapatilla encontrada era de su pie -que por cierto, error que ya de nena cuestionaba: la zapatilla de cristal tendría que haber desaparecido después de las doce-.

Y si de época actual hablamos, lo que me cuestiona en preocupación: es la falta de cortejo -y observá qué alarmada resulto al utilizar un vocablo tan antiguo-; no planteo que ellos se fisionen al extremo del dimorfismo sexual del pavo real creando tremendo abanico de plumas policromadas pero a esta abulia que precede en dejar el bello encuentro de dos humanos en un acto básico de cópula de animal superior, tampoco. Hace poco me preguntaron en el programa de radio: "Salida de emergencia" en relación al hecho que si es culpa de las mujeres que los hombres estén menos caballeros; yo expresé que no necesito un caballero para ser una dama. No necesito recordatorios para ser quien soy.

Rita "Después de comer perdices…" es una obra muy particular. Cuéntame cómo nació la idea para escribirla.

Mis ideas surgen al hacerlas, soy en esencia: una hacedora. Podría señalarte el momento: cuando presenté mi libro en España, conocí al excelente escritor Juan Ignacio Royo, luego proseguimos el diálogo en los correos electrónicos. En ellos, Juan me planteaba por qué no utilizaba ese humor ácido que leía en mis correos, en un escrito y así, de ese modo, facilitaría la lectura.

Se sumó esa idea, al planteo que Juan Ignacio se encontraba pasando "frenazos en seco de creatividad" para escribir, entonces le propuse que yo iniciaría un relato con la "mirada" de ella y luego él realizaría la "mirada de él". Le encantó la mordacidad de Cenisiente, pero cuando yo comencé a enviarle los otros… Juan no siguió porque se perdía en lo que él consideraba una anarquía de personajes e historias, y no sabía cómo continuar. Por el contrario: para mí era simple porque la visión de "ella" ya planteaba la trama, así que seguí sola. Juan hubiera preferido continuarla en una novela, pero yo veía a la Cenisiente como un ícono a destronar, un ícono burlón de tanto peso de siglos y príncipes que ya "Ceni ni siente". Y como no tengo inconvenientes en que resulte hombre, mujer, gato o puerta, es sólo escribir en la voz del personaje que se necesite, realizar los "él" fue escribirlos.

Aunque, Cenisiente acusa un humor directo, en las otras… pero seré más puntual, el comentario de Patrick Ericson, otro escritor español excelente y mi mentor: " Algunas me han gustado más que otras, pero en todas encuentro algo hermoso, quizá parte del alma del autor, y eso me satisface mucho. "Después de comer perdices…" me ha gustado, como ya te dije, quizá por su originalidad, su fuerza o ese modo bifrontal de ver la vida, como una de esas miradas cúbicas de Picasso. Las tuyas son unas historias crudas, íntimas, y sobre todo cargadas de erotismo".

Continúo. Estamos en momentos de "acomodo", pero mientras, nos estamos destrozando y no tiene sentido porque en una época en que hemos alcanzado la posibilidad de ser felices de manera completa, parece que esa felicidad resulta en soledad. Yo escribí una vez: "el siglo XX fue de la locura; el XXI de la soledad, todos estamos al lado de nadie" y está reflejando ser cada vez más profético.

No es la primera vez que trato el tema, pero creo que nunca había sido tan feroz, incluso el asesino serial o el protagonista que encarna al propio mal en mis otras novelas, se redimían en cierta forma porque se enamoraban. En las perdices -y me encanta llamarla así porque no surgió de mí, sino de los lectores- los amores son cobardes, tibios, personajes masculinos que no sostienen más de unas páginas.

Al respecto me han planteado varios hombres: "Y, nosotros qué?" Y no quita que en un fututo aparezca la historia de ellos explicando porque son "boludos" y se enamoran con este libro. Sin embargo, de todos, el más ponderable fue quien me planteó que tiene hijas mujeres y lo asusta esta época, hemos dejado de ser minoría en muchos aspectos pero en lo que atañe al amor, la evolución acompaña lento.

Quiero agregar que me ocurre algo muy curioso con este libro, y es: cómo me desorientan los lectores, casi valdría un estudio del comportamiento. Por ejemplo, yo asumo que a vos, Veronique, por tu manera de ser, tu sensibilidad o lo que me confiere tu trato, vas a preferir determinado relato, y no, en todas las veces, me equivoqué, mencionan otro. Ni siquiera en la generalización de asumir que a los hombres van a resultarles más atrapantes los que plantean situaciones eróticas más estimulantes. Sin dudas, es para analizar y disfrutar el advertir como el lector hace suyo el texto más allá de toda posibilidad o prejuicio.

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