Los sábados y domingos por la mañana, cuando estaba casada, los niños venían a la cama corriendo llenos de alegría. Era un momento dulce, muy cálido, pero significaba la pérdida absoluta de la intimidad de mi matrimonio. La cama familiar es eso, cama familiar, pero no deja espacio para el sexo, el diálogo adulto o cualquier clase de actividad exclusiva de los grandes de la casa. Convengamos que cuando la cama, templo anterior del sexo, se llena de caramelos y juguetes de goma que no son eróticos, es muy difícil retomar la plaza como bastión de la intimidad de un matrimonio. Es casi preferible rendirse y a) No tener sexo nunca más o b) Buscarse otro lugar donde tener relaciones (solo hasta que los niños lo conquisten).
Tengo unos familiares que se pasan códigos secretos en papelitos. "A tal hora en el baño", "Di que vas al super, te espero en el garaje"... y así van solventando su entretenida vida sexual a espaldas de los niños (tienen 5). Eso sí, le han añadido un plus de peligrosidad y erotismo prohibido a su intimidad que no me extrañaría trajera un sexto hijo a la casa.
¿Tienes algún recurso o idea para compartir con otros padres sin intimidad posible?

Comentarios