Una boda debiera ser uno de los momentos más dulces para una pareja, pero raramente lo es. Lo que se puede ver alrededor de los novios cuando se acerca la fecha de la ceremonia es un estrés que se agudiza rápidamente. Todos se ponen nerviosos con las metas y los detalles. El vestido de novia, el banquete de bodas, los padrinos, el salón, la música... y la familia y sus desavenencias.¿Qué pasa cuando las familias de cada uno de los novios no coopera para nada? Al contrario, muchas veces son un obstáculo para que el momento brille en todo su esplendor. ¿Cómo es que hay personas tan egoístas que no son capaces de poner sus egos al margen por unas horas, en beneficio de sus hijos, nietos o familiares cercanos?
Las peleas familiares en medio de una celebración no son una novedad. Hay muchas comedias en cine que giran en torno a un conflicto el día de la boda de alguien. Hay matrimonios divorciados cuyo hijo se casa y, en vez de disfrutar, se dedican a su conflicto irresuelto con su expareja.
Hay también personajes que no pueden resistirse a ser el centro de atención incluso cuando no debieran serlo. ¿Recuerdas esas amigas de la novia tan excesivamente sensuales que terminaron en el vestidor enredadas en los pantalones de tu tío? ¿Y aquel amigo del novio con sus chistes ácidos en el discurso? ¿Recuerdas cuántas veces le dijiste a tu primo que no bebiera demasiado en tu boda?
Hmmm... sí. Las familias de una pareja que se casa debieran apoyar incondicionalmente la ceremonia de nuevo comienzo de un matrimonio. Pero no siempre es así... ¿Tienes tú una anédota al respecto?

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